A todos nos ha pasado más de una vez, pero a otros les ocurre casi continuamente, ya sabes, las prisas de última hora en viajes, la tensión de no llegar al avión, autobús, o, si vas en coche, la tensión de saber que estás en el filo de llegar al destino a la hora indicada, y no te quiero contar si esto ocurre en vacaciones, cuando, debido a que suelen tener una duración mayor, la tensión se dispara hasta límites insospechados.
Si te digo la verdad, a mí me ocurría constantemente hasta que decidí hace unos años empezar a hacer las cosas bien, y mi salud mental me lo ha agradecido, ¡y mucho!
Lo primero que tienes que hacer para cambiar la dinámica es planificar con tiempo, es decir, si ya tienes tu viaje de vacaciones cerrado, intenta empezar a pensar en ello por lo menos una semana antes, aunque lo recomendable es que ese pensamiento se aleje unos quince días en el tiempo.
Durante este par de semanas anteriores, ve confeccionando una lista acerca de todos los adminículos imprescindibles, recomendables, y los que te gustaría llevar pero no son ni una cosa ni la otra, y decide qué vas a llevarte de todo esto.
Por otro lado, si viajas en avión, haz el check-in tan pronto como puedas, e imprime las tarjetas de embarque, así que una preocupación menos (eso sí, no se te olvide poner en la lista que tienes que coger las tarjetas de embarque, que nos conocemos…)
Por último: la maleta, esa gran desconocida, ¿de verdad tienes que esperar a media hora antes de irte?, déjala lista el día anterior, y, si no puedes, un par de días antes, con la lista será realmente fácil hacerla, y tienes la certeza de que no se te olvidará nada.
Y así, el día del viaje, tan sólo tendrás que preocuparte de disfrutar, ¿qué te parece?